16/10/08

sidra

En general, y manteniendo reiteradamente la moderación en la ingesta, la sidra puede resultar beneficiosa en los siguientes casos; aparte, claro está, de su reconocido poder diurético:

APARATO RESPIRATORIO
Gripes y catarros:
Resulta aconsejable la mezcla de azúcar y sidra caliente pues fortalece los bronquios y facilita la expectoración. Ya lo dice el refrán: “al catarro, dai col xarru; y si a muy agarrau, sidra o vino calentau”.

APARATO DIGESTIVO
Saburra lingual, o lengua sucia: 
La sidra actúa como bactericida y excitosecretor de saliva; esto facilita una mejor masticación e insalivación de los alimentos y la correspondiente lubrificación del bolo alimenticio, destruyéndose, así, gran parte de los componentes saburrales 
(células descamadas, mucosidad, hongos, restos alimenticios, etcétera).

Halitosis, o mal aliento:
Suele ser consecuencia de problemas bucales, faringitis e hipoacidez del jugo gástrico. La sidra aumenta la acidez gástrica a la vez que limpia y perfuma la boca.

Estreñimiento:
La sidra, en general, ejerce una notable acción laxante; sin embargo, aquellas sidras muy ricas en taninos pueden ejercer un efecto contrario (astringente), por lo que resultarán útiles en casos de diarrea.

Digestión:
La sidra, por su carácter ácido, facilita la acción digestiva de la pepsina y permite, por tanto, una más fácil y completa transformación de las proteínas.

APARATO CIRCULATORIO
Colesterol:
Parece demostrado que la sidra ejerce una cierta acción antiaterogénica, facilitando la producción de HDL- colesterol e inhibiendo la de LDL – colesterol; de este modo se impide la formación de ateromas en las arterias y se evita la posibilidad de un accidente coronario (infarto). 

Hipertensión arterial:
La acción diurética de la sidra es beneficiosa para casos de hipertensión al producirse, precisamente, una notable eliminación de líquidos. Por otra parte, no parece que la toma de sidra, en cantidades muy moderadas, tenga influencia negativa alguna sobre la tensión arterial (máxima y mínima), pues se ha demostrado que no eleva el gasto cardíaco ni modifica el ritmo cardíaco.

OTROS USOS

Estados febriles:
La sidra, tomada con mucha moderación, ejerce una cierta acción febrífuga y, al elevar el tono vital, disminuye la sensación de postración que padece el enfermo.

Estados de decaimiento:
La sidra, siempre en dosis muy moderadas, proporciona euforia, eleva el tono vital y aumenta la sensación de afectividad. El refranero es categórico: “la sidra aneya fai joven a la xente vieya”.

Gota y reumatismo:
La sidra, por su acción diurética, permite una mejor eliminación del ácido úrico y, en conducencia, un alivio en los dolores que originan estas enfermedades.

Sidra y vitamina C:
A mediados del siglo XVIII, el doctor Lind, al estudiar los estados carenciales nutritivos de la marinería inglesa afectada por el escorbuto (consecuencia de falta de vitamina C), experimentó con 12 pacientes, a los que alojó en el buque Salisbury y sometió a condiciones de habitabilidad y alimentación similares a los de una navegación normal.


Distribuidos en parejas, les administró una dieta diferente durante varios días, observando que aquellos que fueron tratados con una dosis diaria de dos naranjas y una lima, curaron en una semana, y los tratados con medio litro de sidra diario, experimentaron una lenta, aunque importante mejoría.